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El infierno tan temido de Raúl de la Torre


“Quantus tremor est futurus
Quando judex est venturas
Cuancta estricte discussurus”(1)

-Dies Irae-


Esta voz narradora que se desplaza a lo largo de “El infierno tan temido”, pareciera tener una característica casi timorata, casi judicial, casi sentenciosa, que le otorgan, por momentos, tintes humanos; por momentos, divinos.

¿Cómo poder comprender a este narrador que nos hace creer en su omnicencia sobre Risso y que luego delega su responsabilidad a los compañeros de éste, y cuentan de él intimidades que no podría sino contar algún testigo invisible? Esta voz penal que juega hurgando en el tiempo de la historia como un juez con los antecedentes de un detenido, culpable o no. Una voz de tintes humanos, al compartir, junto con ese juez, ese discurso que pareciera que reporta o relata una carrera, en donde lo que pauta la pugna entre fuerzas son los saltos de punto de vista de Risso a los compañeros de la redacción, de los de la redacción a Gracia, y empieza la competencia.

El día de la ira’, como el Juicio Final, “marca él acto final de la turbulenta y extensa historia de la humanidad”(2), en donde sólo los agradecidos ascenderán beatificados al reino de los cielos, a la paz eterna. La iglesia medieval se encargaba, por lo tanto, de preparar a sus creyetes para la llegada de ese día. Entre sus sermones, se confirió que el más atroz de los sufrimientos para los infieles y los condenados “era el conocimiento de que iban a estar privados por siempre de la visión de Dios”(3), ergo de su reino, ergo de su paz.

Por eso, entiéndase esa particularidad divina del narrador como un Caronte o un San Pedro ante los umbrales del letargo y el eterno descanso, sosteniendo en sus manos un folio, cumpliendo la regia tarea de determinar, según nuestro registro, nuestro destino espiritual. Y, he aquí lo imprescindible: nuestra angustiada y parda figura al pie del juez, esperando el veredicto. La angustiada y parda figura de Risso esperando el día del juicio, mientras murmura tácito “grito, como un preso; la culpa enrojece mi rostro. Perdona, señor, a este suplicante.”(4) He ahí el infierno tan temido.



Buenos aires, 20 de junio del 2007



 Bibliografía.-

(1)Del Dies Irae, stfa. I, “Cuánto terror habrá, cuando el juez haya de venir, a juzgar todo estrictamente”
(2)Bolsing, Walter; Entre el cielo y el infierno; Colonia, Taschen; 1994
(3)idem
(4) Del Dies Irae, stfa. XII, “Ingemisco, tamquam reus, culpa rubet vultus meus, supplicanti parce Deus.”



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